(De la redacción de DOBLE AMARILLA) Ni las sobremesas políticas de Il Carletto en Madero, ni en sus clases de la Universidad Pontificia de Salamanca, mucho menos antes los medios. En ningún ámbito va a hacer Alberto "un acto de contricción" ante la cruda realidad: en sus últimas 3 campañas sólo consiguió contundentes derrotas tanto en la política nacional como en la política de la redonda.

Tras su salida del gobierno kirchnerista, en 2013 se enroló en filas del Frente Renovador. Ese año fue uno de los consejeros principales del tigrense para ser el más votado en la Provincia de Buenos Aires, superando a Martín Insaurralde. Esa victoria le valió un lugar central en la mesa chica del FR, pero fue además su último paso firme en la arena electoral.

Ya para 2015 fue el jefe de campaña en las aspiraciones de Sergio Massa de ser presidente. Tras unas PASO complicadas, amagó con renunciar, pero se quedó y comandó el inicio del naufragio del ex alcalde tigrense en las urnas. La medianoche del 25 de octubre lo clavaba con 21% de los sufragios y lo dejaba fuera del balotaje. Ese día Alberto buscó excusas en cualquier lugar menos en la estrategia. Le apuntó a Macri por la polarización y predijo que el mensaje de Cambiemos iba a terminar por darle el triunfo a Daniel Scioli. No es necesario contar el final de la película.

Reciclado, pero dentro del Frente Renovador, Alberto intentó cumplir un viejo anhelo: hacer pie en la política futbolera. Así volvió a acercarse a Luis Segura, su amigo de más de un cuarto de siglo. Rápido, Fernández ofreció asesoramiento y espadas políticas para la candidatura del farmacéutico a la presidencia de AFA. La moneda de cambio era que el ex Jefe de Gabinete iba a empezar a pisar fuerte en Argentinos Juniors y por qué no, llegar a ser presidente. El espejo de Aníbal Fernández (a quien odia) en Quilmes era un reflejo que encantaba por ese entonces a Alberto.

Así empezó a ponerse, primero en las sombras y luego de manera abierta, al hombro la campaña de Segura. Uno de sus primeros objetivos fue darle en los tobillos a Marcelo Tinelli. Par eso usó sus armas clásicas, entre ellas los medios del Grupo Clarín. La suciedad de la estrategia lo llevó a que el propio conductor de Showmacth lo acusara de ser “El López Rega” en la carrera por Viamonte. La película fue similar: error estratégico, 38-38, Segura a la casa y Fernández fuera del fútbol.

Hoy, la derrota volvió a tocar al puerta del ex cavallista. A fines de 2016 tensó la relación con Massa. Su visita a Milagros Sala en las vísperas de Año Nuevo fue la gota que había colmado el vaso.  Pero esperó unos meses para pegar el salto. Cuando Florencio Radazzo se convenció que tenía que ser candidato, ahí estaba Alberto para tomar las riendas de la campaña del ex ministro del Interior. El nexo, Clarín. Más precisamente el influyente Pablo Casey, sobrino de Héctor Magnetto, amigo de Randazzo de la Chivilcoy natal de ambos. Dicen que una cena entre “Cachecha” (así le dice a Casey), Florencio y Alberto alcanzó para formalizar el timón de la campaña. El resultado, el mismo que en los dos periplos anteriores. Derrota contundente, menos de 6% de los sufragios.

¿La tercera es la vencida o habrá cuarta? Por ahora, la pelota y las urnas no le dan buenas noticias a Alberto. Igual, de acá a fin de año le quedan las generales y un par de elecciones futboleras en las que probar suerte.