La edición 2020 de la Copa Libertadores Femenina se iba a disputar en Chile en octubre. Sin embargo, la pandemia cambió los planes y se decidió mudar la localía a Argentina. La noticia fue anunciada por el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio Tapia en noviembre de 2020. ¿Qué desafíos debió afrontar el equipo de trabajo para llevar adelante la competencia internacional?

Chile había sido la sede elegida para recibir la Copa. Como pasó en todos los aspectos, la vida se reconfiguró a partir del coronavirus y en los meses anteriores a la fecha de inicio de la competencia (establecida para el último trimestre del 2020) la situación en el país trasandino no era la mejor. El gobierno chileno decidió cerrar fronteras, restringir el ingreso de pasajeros al país y, quienes lo hacían, debían cumplir con rigurosos protocolos.

Es por esto que la Conmebol decidió hacer el cambio de sede y de fecha. Según pudo saber Doble Amarilla, la propuesta llegó de la mano de Alejandro Domínguez, presidente de la Confederación a AFA. La respuesta fue positiva y, desde el momento en el que se confirmó, se debió puntualizar en diferentes aspectos claves para que la organización sea satisfactoria.

Además, el torneo contó con el total acompañamiento de Tapia, quien se hizo presente en varios encuentros tanto en el Amalfitani como en Morón. En uno de los partidos que estuvo presente, también fue invitado Evo Morales, ex presidente de Bolivia, para el encuentro entre Boca y Deportivo Trópico por la fase de grupos.

Estadios y logística

Según pudo saber este medio, de fuentes del equipo de trabajo de AFA, Vélez fue el primer club que aceptó la propuesta de convertirse en una de las sedes de la Libertadores. Cabe destacar que el Estadio José Amalfitani cuenta con el antecedente cercano de la organización de la final del Torneo de Transición femenino 2020 entre Boca y River.

Estadio Amalfitani
Estadio Amalfitani

 

¿Cuál era el problema? La cantidad de vestuarios. Al ser jornadas de doble partido, las canchas debían contar con cuatro vestuarios. Vélez contaba con dos y uno de los Jaguares. Ante esta cuestión, AFA decidió adaptar al Amalfitani y construyó el camarín que faltaba.

En tanto, otra de las cuestiones a tener en cuenta era considerar que deberían conseguir otra cancha que quede cerca de Liniers. Entre los analizados, se encontraba el Nuevo Francisco Urbano, del Deportivo Morón. La ventaja de esta cancha, inaugurada en 2013, era que tenía los cuatro vestuarios requeridos por Conmebol.

Estadio Nuevo Francisco Urbano
Estadio Nuevo Francisco Urbano

 

Esto fue importante ya que ambos cuentan con una cercanía geográfica que permitía trasladar a los planteles con facilidad tanto al Amalfitani como al NFU. Cabe destacar que los planteles fueron hospedados en hoteles ubicados en el centro porteño. Se eligieron nueve alojamientos, en los cuales hospedaban a dos delegaciones cada uno. Además, otro fue dispuesto para autoridades de Conmebol y árbitros.

El otro estadio que también se había analizado era el Único de La Plata, que cumplía con los requerimientos de Conmebol, pero fue descartado debido a que existía una larga distancia entre éste y el Amalfitani.

Controles de COVID-19

Una de las principales complicaciones, según pudo conocer este medio, fue la pandemia de coronavirus. Existía temor a posibles brotes en las burbujas, tal como ocurre en diferentes competencias y planteles en el fútbol sudamericano. Sin embargo, se le realizan pruebas a todas las delegaciones que participan de la competencia y también en los accesos a los estadios para los directivos que acompañan a los equipos.

Si bien hubo algunos casos de coronavirus registrados, no afectó al desarrollo de la competencia ni generó descontroles en las burbujas de un certamen que entró en su recta final y desde este miércoles definirá sus semifinales con los cruces entre Corinthians ante América de Cali y Ferroviaria frente a la Universidad de Chile.