(Desde Moscú, Rusia) La alegría fue toda rusa en el partido inaugural de su Mundial. Atrás quedaron las frustraciones constantes que marcaron el camino desde el final de la cita mundialista de Brasil hasta este esperado 14 de julio:  que marcó recién el 18º triunfo en 45 partidos disputados.

Es quizás por eso que cada ruso con el que DOBLE AMARILLA se cruzó en la previa de este partido y los medios de comunicación no hicieron más que hablar muy mal de este seleccionado y hasta se animaban a vaticinar un temprano adiós en la fase de grupos o en los octavos de final.

Es por ese motivo que en la previa del ingreso al estadio Luzhnikí los hinchas de las otras selecciones le daban el calor y el color que el anfitrión no lograba expresar. Con la antesala de la fiesta inaugural fue creciendo la emoción de los simpatizantes locales que encontraron su momento cúlmine en el himno. 

 

El momento del himno ruso en el estadio Luzhnikí

 

No había confianza en los dirigidos por Cherchesov Stanislav y eso se sentía en el ambiente que flotaba en el inmenso estadio con capacidad para 81.506 espectadores que instantes antes había vibrado con las canciones de Robbie Williams.

El tempranero gol de Igor Gazinsky a los 12 minutos fue un bálsamo necesario para volver a creer y el segundo convertido por el ingresado Denis Cheryshev le permitió a los hinchas locales pensar en la cerveza del entretiempo con tranquilidad.

Los inmutables rostros de los rusos se permitieron hasta sonrisas en las tribunas del estadio Luzhnikí, al punto que un padre alzó a su hija luego del tanto de Cheryshev y lo lanzó al aire con una sonrisa que iba de comisura a comisura pero que parecía interminable.

Es que Rusia esperó muchos años esta oportunidad de recibir la máxima competencia del fútbol mundial y con el sueño hecho realidad se consumó el mejor debut posibile con el 5-0 final firmado primero con el cabezazo certero del también ingresado Artem Dzyuba, luego con la exquisita definición al ángulo de Cherysev y finalmente con el tiro libre preciso de Aleksandr Golovin.

Los árabes llegaron con expectativa y armaron su fiesta en las afueras del estadio con una marea verde que, no pudo estar en sintonía con la mañana argentina y se desvaneció tras un estreno que supuso una dura derrota para los dirigidos por el argentino Juan Antonio Pizzi.

La vuelta a casa fue con tranquilidad y cinco días de tranquilidad hasta el partido de Egipto que los hinchas anfitriones vivirán con mucha más euforia, esa que no se pudo recargar en cuatro años y que ahora tuvo un efusivo golpe de energía repentino en apenas 90 minutos.