(Desde Moscú, Rusia) Desde muy temprano, cuando ingresó para realizar los ejercicios precompetitivos, Cristiano Ronaldo supo que no tendría una tarde agradable en el estadio Luzhniki porque los hinchas marroquíes, mayoría en el estadio de la capital rusa, le hicieron sentir que sería un visitante no ilustre.

Como si fuera Tanger, Casablanca, Rabat o Marrakech, la marea roja del conjunto africano alentó a sus Leones del Atlas  y entendieron que la mejor manera de jugar su partido era apuntar directamente a la figura mundial de Portugal con silbidos cada vez que tocaba la pelota y un grito de guerra universal "Messi, Messi".

 

Con muchas camisetas argentinas con el 10 en la espalda, los simpatizantes marroquíes se ilusionaron con sacar de eje a Cristiano y ayudar a los dirigidos por el francés Hervé Renard, que jugaron mejor que su rival pero que no pudieron torcer la historia.

A diferencia de lo que sucedió en 2014, cuando Cristiano visitó Marrakech con el Real Madrid para ganar el Mundial de Clubes tras vencer la final a San Lorenzo, esta vez los marroquíes no vivaron al astro portugués y exaltaron su sentimiento nacionalista.

Mayoría de silbidos cuando la pantalla mostró al 7 en la formación titular lusitana y además cuando ingresó al estadio, Cristiano se demoró apenas cuatro minutos para converitr su cuarto gol en el Mundial y darle una victoria vital a los conducidos por Fernando Santos. 

Luego de los tres goles contra España en el debut, el ganador de las últimas dos ediciones del The Best de la FIFA convirtió de cabeza y realizó su habitual corrida hacia el córner señalándose desafiante la oreja para terminar con su tradicional salto.

Desde aquel momento la hostilidad hacia Cristiano se mantuvo y los gritos "Messi, Messi" se multiplicaron entremezclados con las quejas contra los fallos del árbitro estadounidense Mark Geiger, al que los marroquíes entendieron como tendencioso.

Dos tiros libres, uno en cada tiempo, que dieron en la barrera y un disparo desde afuera fueron las otras dos apariciones a cuentagotas de Cristiano, que igual con su gol al minuto 4 cumplió con su selección, en un tanto que lo dejó como el segundo máximo goleador de la historia en selecciones con 85 tantos, uno más que el húngaro Ferenk Puskás (84) y como escolta del iraní Ali Daei (109).