(De la Redacción de DOBLE AMARILLA) ¡Qué partido! ¡Qué parto, Real Madrid!, Poco importó, casi que no pesó, el 2-1 que consiguió el elenco "blanco" en Alemania. Rápido, el Bayern Múnich pegó y dejó en claro que no iba a cederle nada a su rival. El primero gol de Kimmich empezó a configurar el partidazo que se venía. También con muy pocos minutos en el luminoso, apenas 10', llegó el empate de Benzemá, tras un pase-centro del incansable Marcelo.

Con el 1-1, el equipo alemán y el Madrid empezaron la batalla de la intensidad. Cada centímetro de césped del Bernabeú era disputado con enjundia. Un partido en que el rigor táctico, y las "parejas" que se armaron podían definir todo. El arquero del local, Keylor Navas, rápidamente empezó a tapar pelotas importantes, pelotas que se convirtieron en imposibles cuando el juego iba 2-2. Antes, un horror entre Tolisso y Ulreich había puesto al Madrid en posición de ganar 2-1. La más tranquila, pero el empuje del Bayern y su amplio abánico de recursos posibilitaron el 2-2 con James Rodríguez como frío y silencioso ejecutor. 

Sin embargo, el juego del Real Madrid, no ha sido atildado. Ni en Múnich, ni en Madrid. El equipo de Zinedine Zidane, futbolísticamente, lució más desmejorado que su rival, pero logró ganarle en su casa y defendió el empate que terminó transformándose en pasaje a Kiev en su mítico recinto. Dos errores del Bayern se tradujeron en goles del Madrid, allá y en el Bernabeú. Y eso, más el nivel de ambos arqueros en la serie, fueron determinantes para conseguir el pasaje a su 16va final de Champions, de las cuales ganó 12 y va por la 13, la tercera en forma consecutiva.

Mañana conocerá a su rival, el retador. El Liverpool que lleva Mohamed Salah como mascarón de proa deberá defender en Roma el 5-2 conseguido en Anfield. De hacerlo, en Kiev habrá una final entre dos elencos extremadamente coperos. La Roma intentará interrumpir una final que ya parece escrita. 

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