“El básquet es mi vida. Gran parte de lo que soy hoy como persona y abogado es gracias a mi amado deporte, a lo que aprendí, y ahora he conseguido unir mis dos pasiones con la intención de devolverle un poco de todo lo que me ha dado…”.

Andrés Gil Domínguez es uno de los letrados más respetados del país, abogado constitucionalista que además es docente e investigador, hoy en boca de todos por ser uno de los 11 convocados por el presidente Alberto Fernández para tratar los cambios en la Corte Suprema de la Nación. Pero, claro, ante todo, es un amante de la pelota naranja.

Nacido en Santa Rosa (La Pampa), hace 52 años, con su 1m85 fue jugador del club All Boys (“base armador”, precisa) y también entrenador de Minibásquet del seleccionado pampeano, con el que logró dos subcampeonatos nacionales. “En Mar del Plata y Chaco, cuando tenía 14 y 16 años, respectivamente”, recuerda. Una de esas experiencias la compartió, casualmente, con otro talentoso y prestigioso integrante de la Confederación Argentina, Sergio Hernández, DT que acaba de renovar hasta los Juegos Olímpicos.  “En Chaco los entrenadores dormíamos en un mismo lugar y yo lo hacía en la cucheta de al lado a Oveja. El y el Mofle Horvath, su asistente, me adoptaron porque ellos más grandes y andábamos bastante juntos”, cuenta.

Gil Domínguez llegó a Buenos Aires en 1986 para estudiar Derecho pero mantuvo su pasión por el básquet. Jugó en Boca y Harrods, “ya más como base-escolta”, describe, y luego de colgar las botitas, a los 22, se dedicó a ser árbitro. “Llegué a dirigir la Primera de Capital y fui de una camada impresionante del Colo Estévez, Fernando Sampietro, Daniel Rodrigo y Diego Rougier y Roberto Smith. Grandes árbitros y amigos”, precisa. Amante del deporte en general, Andrés hizo artes marciales y corrió maratones, pero el básquet siempre estuvo ahí. Regresó al ruedo -en veteranos- en el momento que su hijo Santino empezó a jugar en Club de Amigos y, cuando él pasó a Obras (hoy juega en la U15 del Tachero), hasta armó un equipo senior que disputaba picados sin llegar a federarse.

 

A la par, construyó una carrera impecable como abogado. Recibido en derecho de la UBA en 1992, siete años después hizo el Doctorado y en 2010 fue el primero en la historia de esta facultad en lograr el Post Doctorado. También es profesor de Doctorado en las universidades de Salamanca y Sevilla. Hoy, además de investigar y escribir libros (tiene 27) y artículos (más de 600), es profesor de Derecho Constitucional en la UBA y la Universidad de La Pampa. “Sí, estoy orgulloso de lo que hice, pero sobre todo el poder compilar las enseñanzas de la vida en distintos campos, como en el deporte y en el under de los años 90, con mi profesión. Por suerte, con el tiempo, pude diversificarla y no quedarme sólo en el litigio diario. Me encanta también la investigación y docencia y puedo hacer las tres cosas con la misma pasión e intensidad”, explica.

- ¿Y qué se siente que el presidente del país te elija como uno de los 11 abogados para encarar la tan comentada reforma judicial?
- Un gran honor que un presidente como Alberto Fernández, que tiene propósito de cerrar la grieta y de caminar hacia un país donde las divergencias y el pluralismo estén presentes, me haya convocado para poder volcar todos mis años de experiencia y así poder hacerle recomendaciones que sirva para mejorar el servicio de la justicia argentina, una pieza vital para cualquier sistema democrático.

- Además tenés el honor de haber sido uno de los nombres que menos resistencia generó, algo muy difícil en este país…
- Sí, me genera un alto grado de satisfacción tener este consenso social, que siento que responde a mi carrera. Desde los 32 años que no cumplo ningún cargo en la función pública, no he pertenecido a ningún gobierno y he colaborado ad honorem cuando el país lo ha necesitado. Además, creo haberme mantenido coherente en mis ideas. Lo tomo como una respuesta a una trayectoria, nunca partirizada, siempre con una línea de apoyo o crítica coherente de acuerdo a mis pensamientos.


- ¿Y cómo se dio tu llegada a la CABB?
- Yo, cuando vivía en La Pampa, era fana de Obras, aunque no se pueda creer (se ríe). A la distancia. En mi pieza tenía un poster de Chocolate Raffaelli, creo que jugando una Copa William Jones. Y un día, ya aquí, caí al club con mi hijo. Al tiempo conocí a Fabián (Borro) por un tema profesional y comenzamos una amistad. Hoy soy asesor legal de la CABB y lo hago con mucho cariño porque amo el básquet. Esto me permite cumplir un sueño de unir pasiones y, ahora, además, tener la oportunidad de poder redactar el nuevo Estatuto. Siendo constitucionalista, es especial. El Estatuto es la constitución de la CABB frente al mundo.


- Por un lado, desde hace años había una voluntad de reformarlo y, por el otro, había que responder a una disposición obligatoria de FIBA. Vos, siendo parte de la redacción y el debate, ¿cómo lo analizás?
- Estoy muy satisfecho con la redacción, pero sobre todo con el proceso que permitió que el Estatuto se haya enriquecido a medida que fuimos avanzando. Pudimos llevar a cabo, en estos meses, un procedimiento inclusivo, participativo y deliberativo, que es inédito en deporte federado en el país. Fuimos pasando por distintas etapas, primero por la Mesa Directiva, luego el Consejo Directivo, las federaciones provinciales, las asociaciones de clubes, luego se puso por dos semanas en la web de la CABB para que la comunidad del básquet opinara y pudiéramos enriquecer el debate, después pasó por cuatro revisiones de FIBA y, por último, viajamos digitalmente por todo el país para escuchar a todos, con el Estatuto en pantalla para poder debatir e intercambiar ideas. Receptamos la mayoría de las opiniones, llegar a puntos de encuentro con cosas conflictivas y tratando de respetar el modelo FIBA One de FIBA. Por suerte, pudimos adaptarlo al contexto argentino y Latinoamericano hasta el punto que FIBA lo ha tomado como un ejemplo.


- ¿Y qué respondés ante algunas críticas que se le hacen?
- Siento que son críticas basadas en la post verdad y las fake news, porque no se condicen con la redacción final del Estatuto que el 3 de octubre se podrá tratar en la Asamblea Extraordinaria. Dicen que van a dejar de existir las asociaciones y eso es falso. Van a ser resignificadas, revalorizadas y hasta empoderadas. Lo que se saca o prohíbe es lo que está omitido y este no es el caso. Estarán reguladas y tendrán un rol mayor, relacionarse con otras entidades, como las escuelas, porque acá debemos darle un sentido social al deporte. Sólo el 1% de los chicos llegan a ser profesionales, el restante 99% debe llevarse, tras un paso, una marca en la subjetividad para toda la vida. Que lo aprendido lo acompañe para sea una reserva en momentos clave de la vida. Que lo forme como persona. Y ese será el trabajo de las asociaciones. Siento que las críticas no se basan en la realidad ni en lo que quedó como Estatuto, tras los cambios. Yo entiendo que a algunos no les guste el modelo FIBA One, pero si se quiere competir en esa órbita, hay que adecuarlo a lo que piden, a sus disposición, a un modelo integral de gestión deportiva, social y comercial que la entidad madre está solicitando.

- Desde algunas federaciones llegaron a decir que este estatuto “viola las garantías legales y constitucionales que protegen el funcionamiento de las federaciones y asociaciones”. ¿Qué opinás?
- Cuando Santa Fe hizo el planteo y luego se sumó Entre Ríos, les contestamos por escrito con una devolución fundada en la jurisprudencia de la Corte Suprema y en tribunales anteriores, todo en materia de derecho deportivo en reformas estatutarias. Y, realmente, es al contrario.

- ¿Pudieron entablar una charla o ellos contestaron?
- Nunca tuvimos devolución desde el derecho, sólo respuestas políticas sin sostén jurídico y basadas en la irracionalidad. También es un error decir que es un estatuto centralista. La presidencia sólo tendrá siete funciones exclusivas de gestión. Todas las demás, necesitará del acuerdo del Consejo Directivo. Por ejemplo, no tiene herramientas como decretos de necesidad de urgencia, casi todas las decisiones importantes no las puede tomar sin anuencias del CD. Cualquier medida de gestión que supere el tiempo de mandato se debe votar en un ente en el que estarán los presidentes de todas las federaciones provinciales. También se determinó que se pueda gobernar dos períodos como máximo, no puede haber reelección indefinida. Lo considero un estatuto descentralizado, federal, regional, todo lo contrario a lo que dice.