(De la Redacción de DOBLE AMARILLA) Niki Lauda, considerado uno de los más grandes pilotos de la historia de la Fórmula 1, falleció a los 70 años de edad. Se consagró en tres ocasiones y ganó 25 carreras en su trayectoria. Fue compañero de Carlos Reutemann en Ferrari en 1977, cuando ganó su segundo título de F1.

 

 

Pese a su excelentísimo legado, con campeonatos de F1 en 1975, 1977 y 1984, mucha gente lo recuerda por su peor momento: el terrible accidente que sufrió en Nurburgring en 1976, donde casi pierde la vida. Una oreja, un párpado, piel y el costado de su cara tuvieron quemaduras. Piel rugosa, cicatrices y tatuajes, las secuelas visibles del acontecimiento.

A pesar de ello, su actitud vital se mantuvo siempre de la misma forma. Desde hace años, era presidente no ejecutivo del equipo Mercedes Benz F1. Debió someterse a dos trasplantes de riñón. En 2018, le realizaron un nuevo trasplante, de pulmón, a causa de ese accidente que tuvo en el 76, donde aspiró humos tóxicos que lo condicionaron para siempre. Ahora, el automovilismo le dice adiós a un piloto que ya es eterno.