(De la Redacción de DOBLE AMARILLA) “El Predio de Luis Guillón …” es una frase que escuchamos todos muchas veces y relacionamos inmediatamente con Banfield, como pasa con otros términos y otros clubes. Pero, en el caso de Banfield y su campus deportivo en el sur del GBA, es sinónimo de formación de jugadores, de cantera, de inferiores, de fútbol juvenil, de sueños, de trabajo, de fábrica de jugadores. ¿Casualidad? ¿Coincidencia? 

De un tiempo a esta parte, con el crecimiento de la brecha entre los grandes y el resto, y las dificultades económicas, el Fútbol Juvenil de Banfield fue señalado como la prioridad en el club. Durante la gestión de Eduardo Spinosa primero, que continúa con la presidencia de Lucía Barbuto, la dirigencia albiverde determinó que la formación de jugadores “es una política de estado”. Luego de la inversión necesaria en Fútbol Profesional, las Inferiores se llevan recursos, planificación, recursos humanos y mucha atención.

 

El Campo de Deportes de Banfield en Luis Guillón, desde el aire

 

La estructura es enorme: ocho campos de juego profesionales, cinco canchas de medidas menores, un gimnasio de musculación, un gimnasio cubierto, cuatro vestuarios, comedor, residencia para 100 juveniles, oficinas para entrenadores y sala de video. En esos lugares conviven más de 120 empleados, desde el Coordinador (y DT de la Reserva), Hugo Donato, hasta los utileros, pasando por psicólogos, nutricionistas, asistentes sociales, videoanalistas, kinesiólogos, terapeutas, cocineros y tutores. 

Todos juntos y al mismo tiempo 

En 2014, bajo la presidencia de Spinosa, se decidió apostar fuerte. Banfield contó con Matías Almeyda como DT de la Primera, Ariel Holan como entrenador de la Reserva y Claudio Vivas como cabeza de las Inferiores. Todos juntos y al mismo tiempo, entregando una riqueza de miradas y estilos a todo el proyecto de fútbol del club como nunca antes había pasado. “Cada sector fue tomando lo mejor de cada uno y se generó un estilo propio”, apuntan. Tras eso, se dio el regreso de Julio Falcioni a la dirección técnica del primer equipo, lo que le aportó otro condimento a una máquina que encontró en la variedad de engranajes, su principal fortaleza. 

Todo acompañado de inversión desde la dirigencia, siempre entendiendo que se trata de eso, de invertir. “No ver todo como un gasto sino como algo que sirve para tener más y mejores recursos en el futuro, es la clave”, dicen desde Banfield. Hoy por hoy, el 80% de los jugadores que forman el plantel, son surgidos de la cantera. De los 11 titulares que arrancaron los dos partidos jugados, 8 son de inferiores y todos menores a 25 años. De los 23 que fueron convocados a los partidos, 17 son surgidos de las divisiones formativas. De aquella idea de ‘Zidanes y Pavones’ del Real Madrid, a esta de ‘Cueros y Maldonados’ en Banfield. 

De aquella gran convivencia de entrenadores y formadores en 2014 y 2015, hoy se ven los frutos. En esos años, Banfield fichó a Coronel, Maldonado, Payero y Sosa (tres de ellos titulares en esta Copa de la Liga). Al año siguiente, llegaron Quinteros, Galoppo y Matías González. También hay casos de producción a largo plazo: Bravo, Rodríguez, Linares y Urzi, todos de la zona cercana al club, están en Banfield desde el fútbol infantil. 

 

Formación de Divisiones Inferiores en 2016. Arriba: Maldonado (el tercero empezando de la izquierda); los últimos dos son Álvarez y Altamirano. Abajo: Bravo (el primero), Coronel (el tercero) y Linares (el quinto). Todos ellos, integran el plantel actual.

 

La ‘Pensión’ y la ‘Academia Internacional’ 

Históricamente los clubes tienen en su pensión alojados a jugadores de todo el país a los que los ´detectores de talento’ van observando y trayendo a las instituciones. En Banfield, la pensión cuenta con 100 camas, pensión completa y obligatoriedad de ir a la escuela. ¿Quiénes pasaron por ahí? Los citados Payero, Quinteros, González, Coronel y Maldonado, además de Altamirano, Gómez, Álvarez y Asenjo, quienes también componen el actual plantel profesional. 

Con una estructura ya edificada y una dinámica de trabajo cotidiano ya incorporada, Banfield detectó que podía vender su marca y su producto más fuerte: la formación de jugadores. Así fue como se fue conformando lo que hoy es la Academia de Fútbol Internacional. A la misma, en los últimos años, acudieron jóvenes de Estados Unidos, Colombia, Nigeria, Trinidad y Tobago, Camerún, Japón, Perú y Paraguay. 

Luego, en 2017, cuando Argentina y China firmaron acuerdos de cooperación en varias materias, a Banfield se le abrió una puerta enorme, y lo supo aprovechar. Mediante un acuerdo con la Beijing Sports University, contingentes de juveniles chinos viajan a Argentina, viven en el predio de Guillón y se forman. Como contrapartida, Banfield recibe dinero. El primer grupo llegó en noviembre de 2018 y permaneció hasta octubre de 2019. En febrero de 2020 iba a llegar el segundo contingente, pero la pandemia truncó los planes. Con la imposibilidad de que los jugadores chinos lleguen al país este año, Banfield se perdió de cobrar la friolera de U$S 1,1 millones. 

La inversión realizada para el inicio del programa, ya fue cubierta (con creces) por el importe cobrado en el primer año. A partir de ahora, será todo ganancia para Banfield. 

Los ex jugadores eligen a Banfield para que se formen sus hijos 

Una de las principales muestras del trabajo que se hace en Banfield está en la cantidad de jugadores que hay en Primera y en el Fútbol Juvenil que son hijos de ex futbolistas con muchos años como profesionales y consagrados a nivel nacional e internacional. El primer caso de los últimos años es el de Thomas Rodríguez, hijo de Leo. El mediocampista jugó en Banfield en Inferiores, debutó en Primera y luego fue vendido. 

Actualmente, en el primer equipo, está Galoppo, hijo de Marcelino, jugador de extensa carrera en Primera División en los 80 y 90. Con Galoppo comparte plantel, Juan Manuel Cruz, hijo de Julio. Delantero consagrado mundialmente, Julio surgió de Banfield en los 90 y no dudó en que su hijo se forme en Banfield. Como su padre, Juanma juega de centro delantero. 

Tambien siendo centrodelanteros, pero en la plantilla de Reserva, están Iker Scotto y Ramiro Enrique, hijos de Darío y Héctor (popularmente conocido como ‘el Negro’). Con varios años en Banfield, los juveniles fueron quemando etapas y ya están a las puertas de ser profesionales. 

 

Juan M. Cruz en un partido de juveniles.


En ese plantel de Reserva está Juan Rodríguez, hijo de Clemente. Zurdo como papá, y con un parecido físico notable, no podía jugar en otro lado que no sea la punta izquierda de la defensa. 

 

 

Ramiro Enrique en acción en un Clásico ante Lanús en Inferiores

 

Rumbo al 2030 y con Falcioni adentro 

Desde la llegada del actual oficialismo en 2012 todos los cargos de entrenadores fueron siendo ubicados por ex jugadores con plena identificación con el club. Desde Robinson ‘Pico’ Hernández, hasta Daniel Bilos, pasando por Marcelo Bustamante, Fabián Berrutti, Julio Barraza, Marcelo Benítez, Daniel Delfino, entre otros, le dan una fuerte impronta banfileña a la formación de los jugadores, generando sentido de pertenencia y un sentimiento muy arraigado en los jóvenes. 

Siempre buscando contar con el aporte y la experiencia de los ídolos, tras el cierre de la fallida temporada pasada, producto de la pandemia, Banfield ya trabaja para reacomodar la estructura pensando en el futuro. Con la vista puesta en 2030 y cumpliendo con lo planificado durante 2019, Julio César Falcioni va a asumir en enero su cargo de Director Deportivo. Con lógica, entre sus múltiples funciones, estará el trabajo de aprovechar la base y potenciar toda la estructura del fútbol de Banfield, desde los chicos de 6 años, hasta los consagrados del plantel profesional. 

Puntero de su zona, con puntaje ideal y la frutilla de haberle ganado a uno de los mejores equipos del continente sin dejar dudas. Cuando pocos lo esperaban, Banfield se lleva las miradas. Atrás de la foto del festejo de gol de cada fin de semana, hay una estructura que le da soporte a lo que se ve, demostrando que no es casualidad.